miércoles, 30 de marzo de 2016

Pensamiento "Ciego"




Ciego desdichado aquel quien no es capaz de ver la verdad aunque la tenga en sus narices, y que acepte una mentira como el mejor acierto"

Joel Alberto Paz



http://adf.ly/1Yw2Zv (pelicula JUSTICE LEAGUE Vs. TEEN TITANS)




"unfortunated blind the one who is unable to see
the truth even having it in front of his or her nose ,
and accept a lie as the best hit "

Joel Alberto Paz

viernes, 25 de marzo de 2016

Pensamiento "Soñar y tocar puertas"



"El hombre que sueña con alcanzar algún sueño, no comete ningún pecado y quien no anda por la vida tocando puertas jamás tendrá la esperanza que alguna se le abra y le brinde la oportunidad que busca"

Joel Alberto Paz

viernes, 11 de marzo de 2016

Proyecto Musical Infantil "SOÑADOR, EL PEQUEÑO PAPAGAYO"


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Hola mi nombre JOEL ALBERTO PAZ

SOÑADOR, EL PEQUEÑO PAPAGAYO

Es un hermoso musical infantil que puede ser disfrutado por toda la familia. Narra la historia de un pequeño papagayo que sueña con conocer el mundo y sus maravillas. Está basado en el cuento del mismo nombre del escritor venezolano Joel Alberto Paz . Esta obra no sólo nos paseará por el mundo, también nos enseñará la importancia que tiene la perseverancia, la constancia y el respeto a la hora de fijarnos metas de vida y del trabajo que realicemos para alcanzar nuestro sueño personal. Se trata de un proyecto que nace de la inquietud por llevar a los niños y niñas a entender que los valores en el hombre, es lo que nos hace ser más humanos y nos acerca más a la búsqueda del ser perfecto, dentro de las imperfecciones que como seres humanos tenemos.
El proyecto “Soñador, el pequeño papagayo” se encuentra colgado en la Web  www.lanzanos.com, en la página 10 de proyectos, allí podrás ver con detalle el proyecto. Esta web es una comunidad de Crowdfundings cuyo trabajo es promover nuevos proyectos en la búsqueda de apoyo económico para poder llevarlos a cabo.
SI EN TU MENTE Y EN TU CORAZÓN TE SIENTES IDENTIFICADO CON ESTE PROYECTO  APOYANOS”  Igualmente allí te presentamos varias propuestas de apoyo, la que más se ajuste a tus posibilidades. Es propuestas contienen, además, una recompensa, la cual es parte del compromiso que adquirimos al momento de colocar nuestro proyecto en esta web.

CONTAMOS CONTIGO “APOYANOS”
Y
MUCHAS GRACIAS!!!


jueves, 10 de marzo de 2016

Carta "La Amistad"




Amistad, palabra maravillosa que denota sinceridad, apoyo, compresión, desinterés, tolerancia, disposición, amor. Es esa relación afectiva entre dos o más personas, pero hay un aspecto que debe considerarse muy cercanamente, decir amigo, no necesariamente es sentirse amigo, para ser amigo debe uno estar lleno de sinceridad. La amistad es un tipo de amor que no implica la sexualidad, es por eso que, en ocasiones somos capaces de dar la vida por un amigo."Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro". Siempre he partido del criterio que los proverbios tienen un total porcentaje de realidad y aplicabilidad en nosotros los seres humanos. Verdaderamente, encontrar una amistad verdadera, significa que posee todas las características que antes mencioné, y si alguna se me olvida, por favor, déjenmelo saber, por lo tanto, tontos somos si no la sabemos valorar. La vida es como las olas va, viene y en ese vaivén, no sabemos que nos pueda traer, por esa razón, una vez que tengamos algo realmente valioso en nuestras vidas, no lo debemos perder. En mi vida nunca había conocido la verdadera amistad hasta que conocí a Fanny, una mujer esplendida, llena de vigor, muy dispuesta a ayudar, y muy desinteresada, ella me enseñó que el valor de la amistad sobrepasa los límites de tiempo, edad, raza o condición. Le gustaba mucho compartir, divertirse sin faltar a sus obligaciones, era  muy responsable, por tal motivo, nunca nadie tuvo nada que reprocharle, era directa pero cuidadosa como decía las verdades siempre procurando no herir al otro, la alegría nunca se borraba de su rostro, me maravillaba, verla, conversar con ella, era tierna y amorosa. Cuando dije hasta que la conocí, no era que no supiera quien era, no, ya la conocía pero nunca me había acercado a ella para conocerla realmente bien, para conocer esa faceta que aunque la tenía a la vista, estaba lo suficientemente ciego para no verla tal como era. Ese extraordinario ser, era mi hermana. Fueron muy poco los años que pude disfrutarla, pues un devastador cáncer acabó con su existencia. Hoy lo que verdaderamente lamento, es no haber sido capaz de reconocerla con antelación. Aunque mucho me duele su partida, puedo decir que si existe un cielo, seguro ella tiene su lugar reservado. Espero que dondequiera que estés, la luz Divina del Creador te llene de gracia. No voy a decir te amo, pues debo decir te amamos, Eva, tu madre y tus hermanos Iralina, José, Joel, Javier y David. 


Joel Alberto Paz

Novela "Más allá del Arcoíris-Capitulo II" por Joel Alberto Paz



Capítulo II

Camino  a  la  libertad


 El niño parado junto al puesto de periódicos, vestido con su chaqueta de color azul  y pantalón  marrón desteñido, sucio y con  el cabello alborotado, miraba de lado a lado como intentando cruzar la calle. A la primera oportunidad, la cruzó. En su rostro se reflejaba una expresión como la de aquellos que han alcanzado una meta que parecía fuera  de sus posibilidades.
¡Lo logré!  Pensó  ¡Ahora  soy capaz de cruzar solo la calle!
¡Mira pues! escuchó decir el niño a sus espaldas. Sorprendido por  aquella exclamación se volteo rápidamente y se dio cuenta que se trataba de Ramona la cuidadora del orfanato, quien dejaba ver en su cara la satisfacción de haber atrapado al pequeño en esta travesura. ¿Adonde crees que vas, pequeña  rata? Preguntó la mujer. ¿De que se trata ahora esto? ¿A caso tratas de escapar? inquirió doblemente  la  mujer  con  una  expresión  malvada  en  el  rostro.
Yo sólo salí contestó  lleno de  miedo  el pequeño niño—, yo sólo salí a dar un paseo para conocer los alrededores. Esa era solo mi intención  dijo.
Se me  hace  muy  difícil  creerte respondió la  mujer.
    Mientras  Ramona  miraba  al  pequeño niño  como  a  un  condenado,  preguntó:
Dime la verdad  Alberto, tu verdadera intención era la de escaparte del orfanato. Niño mal agradecido, toda la vida cuidándote y así es como pagas, ahora  recibirás  tu  castigo, y  te  aseguro  que será  algo  que  jamás  podrás  olvidar.
    Esas  palabras  retumbaron  en  los  oídos  de  Alberto  como  una  advertencia  que  le  indicaba acerca  de los momentos  muy  amargos que viviría  si  la  cuidadora  lograba  llegar  al  orfanato  con  él.
     Aunque  eso  de cuidar era  una cosa  que  estaba  muy  lejos de la realidad, ya que precisamente  no era cuidar y dar amor una de las principales virtudes y bondades de la temible Ramona, por el contrario era una mujer llena de amargura y obstinación, a quien, el hecho de estar en  ese orfanato, más parecía que una tarea agradable, era un castigo impuesto por algún tribunal disciplinario  y  que  por  alguna  oscura  razón  debía  cumplir.
Además si fuera así que solo saliste a dar un  pequeñito paseo, ¡niñito! dijo  despectivamente, no estarías tan nervioso, ¿verdad? Así que dime la verdad de una buena vez le dijo  mientras  lo  tomaba  por  el  brazo  y  lo  arrastraba  por  la  calle  hacia  el  orfanato.
Claro que salí solo a dar un paseo contestó el pequeño  temblando  de  miedo.
    La malvada  mujer  observaba  al  pequeño  con  esos  ojos  de  víbora  ponzoñosa. Mientras  Alberto continuaba  explicándole.
De repente  me despertó la curiosidad por saber de donde provenía tanto ruido, pues  como  nunca  salimos  de  allí,  quise  averiguar   y… ¡Aquí estoy!
     Pero en realidad,  la verdadera intención del pequeño era escapar de ese tortuoso  y  espantoso  lugar donde tenía que soportar los malos tratos, vejaciones y regaños constantes al igual que todos sus compañeritos de orfanato; Cesar, Carlos, Ángel, Miguel, Leonardo, Antonio, Mariana  y a Ramiro, a quien más extrañaría  de  todos,  ellos  eran sus mejores amigos;  pero que no se atrevían a hacer algo que los pudiera enfrentar con la malvada bruja como solían llamar a la  señora Ramona.
Bueno se acabo la conversación replicó Ramona—.  Regresemos a casa y allá arreglaremos cuentas, pilluelo asqueroso.  Te cuento que son muchas  las  que  tienes  pendientes  conmigo,  por  lo  tanto  ya  verás  lo  que  te espera, así que no serán  besos ni abrazos de bienvenida los que te daré. Caminando, pues ordenó la mujer tirando  al  pequeño  de  su   brazo.
     Todo parecía haberle fallado en su intento de fuga y se resignó a regresar a aquel lugar y soportar todo cuanto le esperaba, que como  ya  suponía por  las  advertencias  de  la señora,  no era nada bueno. Aunque no se encontraban nada lejos del orfanato, Alberto trató de observar y disfrutar lo que podía ver, mientras  lo  llevaban  a  su  lugar  de  castigo.  ¡Que ciudad tan grande y cuanto gente y  autos en la calle!  De vez en cuando veía a algún niño tomado de la mano por sus padres y no pudo dejar de preguntarse: ¿Dónde estarán mis padres? ¿Vivirán aún? ¿Cómo serán? ¿Por qué me abandonarían? Como le hubiese gustado al pequeño Alberto ser uno de esos niños felices que vio pasar frente a él en la calle. Lo que no sabía  Alberto que antes de cruzar el umbral de aquel lugar de sufrimiento al que parecía tener que resignarse a volver, la vida daría un vuelco repentino y en fracción de segundos tendría una pequeña pero gran oportunidad de alcanzar sus sueños pudiendo  escapar de las garras de aquella perversa  mujer.
     Transcurridos unos minutos después de comenzar la marcha de regreso, Ramona  no se fijó que había una cáscara de cambur en  la acera, la pisó, resbalo y terminó cayendo  como un saco de papas al pavimento. En ese momento Alberto vio como la situación le brindaba  la gran oportunidad de intentar  nuevamente  escapar del alcance de la odiosa mujer… y así lo hizo, sin pensarlo dos veces, echó a correr como un pequeño cervatillo. Ahora no pensó mucho si cruzar o no cruzar la calle, si era o no era una odisea para él hacerlo, simplemente se dio cuenta que lo mejor era salir corriendo sin pensar mucho, puesto que lo único y más importante era  alejarse lo más pronto posible de la cercanía de aquel lugar donde había pasado doce años de su corta vida, no pensó en  los peligros a los que podría enfrentarse en un mundo totalmente desconocido para él, ni pensó  que  sería  de  él, que comería. Únicamente le importaba su libertad, por lo demás, luego llegado el momento,  se preocuparía.
     Alberto corrió y corrió, por supuesto, trató de hacerlo en dirección opuesta a donde estaba ubicado el orfanato San Pedro de la Caridad, para asegurarse que estaba lo más lejos que pudiera de éste. Ya cansado de tanto correr se detuvo a tomar aire, sintió sed y hambre, pero era libre y ahora si estaba seguro que la malvada bruja de Ramona no lograría darle alcance.
¡Hurra! Gritó el pequeño. ¡Soy libre!  Ahora podré ir y hacer lo que quiera, podré trabajar para salir adelante e ir en busca de mis sueños  aunque tenga  que llegar más  allá  del  arco iris.
     De repente, se detuvo a pensar en otra persona que dejaría a tras en el orfanato y a quien si le gustaría tener a su lado, Doña Ángeles, una dulce y tierna cuidadora, quien cuidaba y daba amor a los niños del orfanato pero que estaba sometida por Doña Ramona de tal manera que no podía hacer nada en su contra cuando veía el maltrato al  que eran sometidos él y sus pequeños amigos y compañeros de orfanato.  Alberto no podía entender cual era la razón por la cual la tierna y dulce Ángeles soportaba todos los improperios y desplantes que le hacía la señora Ramona, pero bueno algún día el regresaría  a liberar a todos sus amigos y personas queridas del yugo al que eran sometidos.
Por nada del mundo quiero pasar nuevamente por esa situación y dependerá de mí lograr salir adelante y buscar la manera de ayudar a los otros pensó creo que lo mejor será buscar algo de comer, porque ya siento que mi estomago me esta regañando.
Tuvo que ingeniárselas para salir adelante, en esta situación pasó algún tiempo. Estuvo de limpiabotas, vendiendo confites, cargando bolsas, por último, y lo que se le hizo más fácil, fue tener que pedir limosna. Con ayuda de uno de sus amigos, que sabía, más o menos, leer y escribir, escribió una nota, que mostraba a los pasajeros de los autobuses, a los cuales abordaba para pedir. Esa nota decía:
No me trates mal, ni me tengas miedo, si estoy aquí no es por mi culpa, solo soy un niño huérfano, que no tiene ni padre, ni madre, ni quien se conduela de él, por favor si sale de tu corazón ofrecerme una limosna, hazlo que Dios te lo pagará, llenándote de  muchas bendiciones.
     Muchas  de las personas que alcanzaban a leer esta nota, se sentían tan conmovidos que era imposible que reaccionaran de manera opuesta a lo que el pequeño Alberto buscaba conseguir, una limosna.
     Como era obvio, este tipo de desempeño era más lucrativo y menos esforzado, sin embargo no lo llenaba y en ocasiones, aún cuando lo de huérfano  y desamparado no era falso, era una situación que le causaba cierto malestar en su corazón, pues su naturaleza no era la de aprovecharse de las condiciones en las que se encontraba para conseguir dinero fácil.
     Un buen día, ya resuelto a no continuar haciendo de limosnero, tiró a la basura todas las notas que tenía con ese mensaje y se fue lejos de donde solía frecuentar para pedir, pero una cosa era muy cierta, debía procurar hacer otra cosa que al menos le proporcionará  el sustento.
     Alberto miró a su alrededor y pudo ver que cerca se encontraba un mercado. Tenía  tres opciones, pedir, robar o trabajar y su meta era hacerlo bien para no comenzar su nueva vida con mal pie, a pesar de su cortos años, tenía pensamientos muy maduros.
     Se acercó hasta un puesto donde se encontraba una mujer rechoncha pero con una cara  de buena gente que le inspiró confianza; la mujer vestía un blusón verde  manzana y una falda de un tono verde más oscuro, en su cabeza llevaba un gracioso sombrero de paja de alas anchas pero de copa aplanada con una pluma  colorida que parecía tener ojos, era  una  pluma de  pavo real pero como Alberto nunca había visto una pluma como aquella,  ya que  no era mucho lo que conocía del mundo, le  pareció  hermosa  y extraña.
  Una vez cerca de la mujer le dijo:
Doña quiero pedirle un favor; soy un niño que tiene hambre, pero yo no quiero robar, ni pedir. ¿Podría  dejarme trabajar para usted y así ganarme la comida? La doña  se  llamaba  Rosa y al  ver aquella actitud en el niño, se conmovió y no pudo decir que no al pequeño.
     Lo primero que hizo fue extender su mano para darle al niño una manzana roja, jugosa y grande. Pues lo que ella vendía en su puesto del mercado eran deliciosas y frescas frutas.
     Alberto tomó la manzana con premura y se la llevó a la boca, suspirando con gran placer.   Engulló su primer bocado, le  pareció  que  era  lo más delicioso  que  jamás  había  comido, esto  era comprensible porque nunca en su vida había comido una manzana.
Veo que tenías hambre  exclamó  la señora Rosa.
     Rosa era una señora que se había mudado a la ciudad después que su esposo Ricardo José la abandonara por haberse convertido en un borracho y mujeriego.
Bueno, mi nombre es Rosa Ramos se  presentó  su  nueva  amiga  y benefactora. Ahora, ¿cuál es el tuyo? pregunto.
Mi nombre es Alberto   respondió.
¿Alberto solamente? preguntó Rosa.
Si,  Alberto porque no conozco mi apellido contestó el niño. Se  le  vio  reflejado  en  sus  tiernos  ojos  un  brillo  de  tristeza que  la  señora Rosa  supo  ver  de  inmediato.
¿De donde vienes, Alberto?  ¿Estás perdido? preguntó inquisidora Rosa.
Es una historia muy larga y triste señora Rosa, que ahora no quisiera contar, quizás más adelante con más calma y tiempo  le cuente de donde vengo y cual es mi historia. Ahora bien, ¿puede darme trabajo aquí en su puesto de frutas?  Expresó el pequeño. No exijo nada lo único que quiero es tener que comer repuso.
Bueno, a pesar que no te conozco, ni sé de donde vienes, me inspiras confianza, y sí te voy a dar trabajo aquí en mi puesto, porque viéndolo bien me hace falta alguien que me de una manito, pues ya a mi me falta agilidad para moverme y no falta quien se aproveche de eso para irse sin pagar o robarme alguna que otra fruta; estas contratado.
     Eso fue como melodía para los oídos del pequeño.
Por otra parte, si no tienes donde dormir en mi casa tengo un pequeño cuarto en el patio trasero donde guardo mis chécheres. Allí se te puede acomodar una camita para que tengas donde pasar la noche, por  el momento, pero eso si, nada de andar tarde en la calle, también hay un baño pequeño al lado del cuarto que puedes usar.
Bueno, bueno ya basta de tanta conversación y a trabajar que hay que justificar el sueldo exclamó graciosamente la buena mujer, ve a buscarme aquel guacal vacío para que me saques los cambures podridos de entre los buenos, porque como dice el refrán una fruta podrida entre otras buenas, daña las buenas, bueno es algo así me  parece. replicó la señora Rosa.
     Alberto acudió a hacer lo que la señora le pidió que hiciera, por primera vez se sentía útil y sin maltratos. Si existe gente buena en este mundo pensó.
     Así transcurrió el día, entre frutas risas y gente, y una vez llegada la tarde, ya en el mercado solo se encontraban los vendedores.
Es hora de recoger y guardar exclamó la  señora Rosa. Manos a la obra mi pequeño  amigo.
     Alberto sin decir nada se dispuso de muy buena manera a hacer lo que le habían indicado, una vez recogida toda la mercancía, se dispusieron a emprender el viaje hacía la casa de la buena  señora.
     Ya de camino Alberto preguntó: 
¿Vive usted sola señora Rosa?
     La señora Rosa respondió:
Si y no.
¿Cómo es eso?
Bueno aunque es un poco duro para mí hablar de esto repuso la señora Rosa, te lo voy a contar. Hace veintitrés años me convertí en la feliz madre de un hermoso niño, mi hijo Claudio, en quien tenía puestas todas mis esperanzas e ilusiones de verlo convertido en un gran hombre de provecho, pero no sé si la vida o que, no quiso que fuera  así, hoy en día mi querido hijo es un joven que no sabe ni lo que quiere, ni que hacer con su vida, ahora mismo tengo más de tres meses que no lo he vuelto a ver. Va y viene como el viento, no sé en que, ni con quien anda y eso me hace sufrir  mucho, solo me busca cuando necesita dinero y no tiene manera de obtenerlo.
Pobre señora Rosasusurró Alberto.
Me temo, continúo la señora Rosa que algún día no lo vuelva a ver más y me traigan una mala nueva, eso sería terrible para mi, pero sin saber nada ¿qué se puede esperar? Solo ruego a Dios que lo haga reflexionar y retome su vida para bien, porque todavía hay tiempo, es muy joven. Bien dice el refrán nadie calienta cabeza por otro.
     Después vino un rato de silencio mientras caminaban rumbo a la  casa  de  la  señora  Rosa; durante el resto del camino solo se escuchaban el ruido de los automóviles pasar,  y uno que otro suspiro de la doñita. Alberto suponía que continuaba pensando en su hijo Claudio.
     Por su parte, Alberto no podía entender como el hijo de la señora Rosa teniendo una madre que se preocupaba por él, era tan mal agradecido. Ya quisiera él tener a alguien que lo cuidara y le diera todo el amor que le había sido negado, pero así parecía ser la vida de extraña e injusta.
    Quince minutos después llegaron a un humilde pero sano sector de la ciudad, donde estaba ubicada la casa de la amable señora. Por todas partes se asomaban a  saludarla, era evidente que la querían bien en el lugar. Finalmente, entraron a la vivienda y la señora Rosa  invitó a Alberto a sentarse en un taburete mientras esperaba que ella le indicara donde estaba ubicada la habitación donde él pasaría su primera noche fuera del orfanato; dando así comienzo a su nueva vida al lado de la buena señora Rosa.

     Lo que no sospechaba Alberto es que al lado de la señora Rosa María Méndez lograría alcanzar muchas metas, y en parte complementaría la falta de amor maternal con el amor ofrecido por su benefactora. Por su parte él  lograría hacer más llevadero el sufrimiento de la buena mujer por su hijo descarriado, con quién inevitablemente tendrá que enfrentarse Alberto algún día.

Reflexión "La Perseverancia"




"La perseverancia es una palabra fácil de decir, pero se debe tener una firme convicción y un ímpetu a prueba de todo para mantenerse en el camino, eso no significa que no seamos capaces de ser perseverantes, por el contrario mientras más grande sea el reto, más  grande nuestra voluntad"

Joel Alberto Paz

martes, 8 de marzo de 2016

Noticias "Asamblea Nacional (AN) designa comisión para investigar desaparición de 28 mineros en Tumeremo"


foto: Wilmer Jose Tovar


(Caracas, 8 de marzo. Noticias24) – La Asamblea Nacional designó este martes una Comisión Especial para investigar la desaparición de 28 mineros en la población de Tumeremo, en el estado Bolívar, el pasado 4 de marzo.
Al respecto, el diputado Américo De Grazia lamentó que “apenas cinco días después (de la denuncia) es cuando el Ministerio de la Defensa se está pronunciando, es cuando el gobernador se digna a ir, protegido por el defensor del pueblo, al sector de Tumeremo a dar la cara”.
Agregó el parlamentario opositor que la movilización de los familiares de las víctimas comenzó desde el viernes en la noche y denunció que “no hubo un solo cuerpo de seguridad que los atendiera”.
A juicio de De Grazia, las autoridades regionales solo se manifestaron al respecto ante el cierre de las vías por parte de la comunidad. “Si esa vía no se hubiese cerrado, pasa igual que con los de La Paragua”.
El diputado explicó que todas las ONG que tengan a bien acompañar la investigación, podrán hacerlo.
Por su parte, el parlamentario chavista Gilberto Pinto aseguró que el gobierno nacional está trabajando para esclarecer el hecho.
Pinto cree que los argumentos de De Grazia buscan “enrarecer” el recientemente inaugurado motor minero, y “desmoralizar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana”.
También participó en el debate el diputado (MUD) Luis Silva, aclaró que la cifra de 28 personas desaparecidas es incierta, porque las minas del estado Bolívar suelen estar compuestas también de trabajadores de toda Venezuela y hasta del extranjero, aunque solo se recibieron denuncias de las familias de lugares cercanos que notaron la ausencia.
En ese sentido, Silva lamentó que el gobernador de Bolívar haya negado al día siguiente las desapariciones de esos mineros y que desde las autoridades se haya barajado el mote de “masacre virtual” dadas la repercusión que ha tenido en las redes sociales.


lunes, 7 de marzo de 2016

Novela "Más allá del Arcoíris" por Joel Alberto Paz




Más allá del Arcoíris


ISBN : 978-980-12-3740-2


Joel Alberto Paz

2016


DEDICATORIA
Al tesoro más valioso
que como ser humano
sobre este planeta
ostento poseer;
mi madre
Eva Angelina


AGRADECIMIENTO
A Dios que me da vida
a la vida que me da oportunidad
a mi madre que me ama
a mi hijo que es mi orgullo
a mi esposa que me sabe tolerar


Capítulo I



Dando un Vistazo al Pasado



Ya han trascurrido muchos años desde el momento que comencé a vivir la aventura que me llevaría a convertirme en el hombre que soy hoy. Esa tarde, tenía planificado ir a casa de mi madre con la fija intención de indagar un poco sobre su vida antes y después de mi aparición, yo conocía parte de ella pero ahora mi interés era hacer un recuento narrado de todos los aspectos que envolvían a la gente que se había convertido en mi familia y que representaban mi mundo actual. Eran  las cuatro  de la tarde, me levanté de la cama después de haber tomado un descanso merecido, pues me encontraba en mis vacaciones de navidad. Ya era todo un profesional, casado y padre de un hermoso niño, me sentía muy satisfecho de todo cuanto había logrado hasta el momento. Me dirigí al baño para comenzar mi arreglo, cuando terminé, tomé un cuaderno de notas, un lápiz y me despedí de mi esposa Catherine y mi hijo Daniel y me lancé  en busca de la información que necesitaba para llevar  a cabo la tarea planteada. Al llegar a casa de mi madre, le expliqué cual era el motivo real de mi visita y ella gustosamente accedió a responder mis preguntas. Así transcurrieron varias horas en una amena y nostálgica conversación.
Corría el mes de agosto de 1968, Rosa María Méndez se encontraba  en los últimos días para parir a quien sería su único hijo biológico, se había mudado recientemente a su propia vivienda, una casita compuesta solo por una sala, una habitación y una pieza trasera que servía de cocina y comedor; afuera había un baño improvisado  con láminas de zinc, eso era lo de menos, era su casa y  era lo que realmente importaba,  ya que venía de haber vivido  arrimada en casa de su suegra y como  reza el dicho la visita al tercer día hiede. Amanecía el día dieciséis del mes y un malestar para ella reconocible, porque lo había visto en otras mujeres de su familia que ya habían parido, la estaba aquejando. Por su mente cruzó un pensamiento, llegó el momento,  así se lo hizo saber a su esposo  Ricardo José Molero, quien  inmediatamente se dispuso a ir en busca de la comadrona, quien sería  la persona que asistiría a Rosa María en sus labores de parto, pues para la época no era del todo fácil llegarse hasta la ciudad de Maracaibo para  asistir a un centro de atención médica y ser atendida, además, por otra parte, también Ricardo José fue a darle aviso a Estela Sandrea, la madre de Rosa  sobre el acontecimiento que estaba por suceder. Ella acudió a casa de su hija con premura, pues  Rosa siempre había sido una hija obediente y colaboradora. En el transcurrir del día se fueron preparando todas las cosas que la situación ameritaba, sin embargo, para Rosa, aun cuando siempre se comportaba como una mujer fuerte y firme, se le podía notar en el rostro  una mezcla de dolor, malestar y nerviosismo.
Eran ya las doce del medio día cuando comenzó Rosa María a sentir contracciones que le indicaban que ya nacería su hijo. Cada vez eran más seguidas y dolorosas, todo el mundo se dispuso a recibir el neonato, otra persona quien también se apersonó  en casa de la familia Molero Méndez fue Ángela, la madre de Ricardo José. Ella por decirlo bien, era una de las pocas personas que trataron bien a Rosa durante su convivencia en su casa, pues no era de ella de quien  recibía malos tratos, ni desprecios, ya que Ángela, o como todos sus nietos la llamaban Magenca era de palabra y hecho una persona muy cariñosa y creyente.
Era la una de la tarde cuando finalmente, con el esfuerzo de Rosa María, la ayuda de la comadrona y de todas las mujeres mayores de la familia, nació un niño varón fuerte y sano. Fue un acontecimiento algo especial, puesto que era el primogénito, además nacía en casa propia, ya que se habían mudado solo hacía unos pocos meses atrás. Una vez terminado todo el trabajo de parto, procedieron a lavar al bebé y limpiar a su madre para que pudiera finalmente descansar de tan ardua y loable labor, traer un ser  humano al mundo. Después habría tiempo para todas cosas que quedaban por hacer, era el primer día  de existencia en esta tierra de aquel ser a quien aun no le habían escogido un nombre. Por su parte,  las  respectivas abuelas salieron a dar la noticia  al resto de la familia, que Rosa, o como cariñosamente  todos la llamaban Rosi,  ya  había dado a luz a un varón. Ricardo José quien siempre se había mostrado como un  esposo amoroso y preocupado por su esposa, no  podía esconder la emoción que sentía  por su recién nacido hijo. En su mente  revoloteaban ideas sobre cual nombre le pondrían, pero sabía que debía esperar que Rosi estuviera en condiciones de  participar en esto, pues ambos acordaron compartir esto de escoger el nombre  que llevarían sus hijos, porque además  solían ser una pareja muy unida, tanto para el trabajo como para la familia, cosa que unos cuantos años más adelante, daría un vuelco inesperado y  extraño para muchos, quienes los habían conocido por años.
Ricardo José y Rosa María, conformaban un matrimonio joven pues cuando se casaron ella contaba con dieciocho años  y él con veintiuno, a los once meses de matrimonio nació su único hijo. Como matrimonio eran muy unidos, tanto que trabajaban juntos en su pequeña empresa, una fábrica de cotizas guaireñas, contando para ese entonces con dos empleados, Fernando y Cheo. Además de ellos dos, Ricardo José cortaba las plantillas de caucho y  suela  y Rosa cosía  las trabillas y capelladas con las que se armaban las respetivas cotizas; parecía un negocio próspero, puesto que ya le había permitido a Ricardo José adquirir una camioneta F-100, de color azul celeste.
Al  día siguiente  del parto, temprano  por la mañana, Rosa ya recuperándose, solo un poco adolorida, le pidió a Ricardo José  que la ayude a sentarse en la cama.
    —Bueno, mi viejo —dijo.
Así le decía cariñosamente a su esposo, quien la llamaba mi vieja, al momento de hablarle.
—Creo que  tenemos que pensar  en el nombre —continuó ella.
—¿Qué te parece  si lo llamamos como el jugador extranjero que  salió en el periódico, el mes pasado —propuso   ella.
—¿Cómo era? —preguntó él
Claudio —respondió ella.
 —Fíjate que  hasta  bonito es el nombre, y como segundo nombre le ponemos  Rafael —comentó Ricardo José  aceptando la propuesta de Rosa María.
Ella  con la cabeza dio un sí.
Entonces así quedó acordado entre  ambos padres que su recién nacido hijo llevaría  por nombre  Claudio Rafael.
En ese instante, alguien llamó desde el portón interrumpiendo su relato, mi madre, porque eso es Rosa Maria para mí, se levantó con la urgencia de saber quien llamaba. Yo por mi parte, aproveché para  poner un poco de orden en las ideas que iba anotando en mi cuaderno, habían transcurrido unos quince minutos, cuando Rosa  retornó a la mesa para sentarse junto a mi  y de este modo continuar haciendo memoria del  pasado.
     —Bien, madre  me decías —le  comenté
     —Si  —continuó ella.
     Claudio era un niño sano,  al que  le gustaba mucho jugar con carros de juguete, lo que si recuerdo muy bien  era  que no le gustaba ser alimentado con tetero, por el contrario siempre era de su agrado tomar leche materna.
    —Si, eso fue unos meses después de la pérdida de mi primer hijo, a quien le pondría por nombre Gabriel, pero que no tuvo la suerte de poder ver la luz en este mundo, por negligencia de la Comadrona Adelaida Sánchez, la misma que me atendió cuando naciste. Pero a éste no lo atendió con la premura y pericia que debió haber tenido y lo dejó asfixiarse con el cordón umbilical.
     Luego de ese comentario, se hizo un silencio, como quien está pensando en otros sucesos pasados que no están muy claros.
     Un instante después proseguimos  con  la conversación.
    —Claudio fue un niño muy querido —repuso ella—. Cuando tenía  solo unos meses, era muy mimado, sobre todo por su madrina Atilana que por no tener  hijos varones, solo una hija, Ada, quien ya era una señorita, lo buscaba en casa para llevarlo a la suya, allí  lo cuidaban y lo querían, y así también su esposo, mi tío Valdemiro,  a quien todos sus compañeros de trabajo lo llamaban gancho e’ lata. Él era chofer de tráfico de los carros por puesto que viajaban desde mi pueblo a la ciudad. Ellos lo cuidaban, lo sacaban a pasear en su carro, siempre andaban con él de arriba abajo, tanto fue así que casi a los dos años no había aprendido a caminar bien, y ella, Atilana, lo ejercitaba colocándole un pañal por debajo de los brazos para hacerlo caminar, e igualmente lo llevaban a la playa para enterrarlo medio cuerpo de pie en la arena, pues estaba la creencia que haciendo esto se fortalecían los músculos de las piernas en los niños pequeños. A él le gustaba mucho estar  en su casa porquelo trataban muy bien, cuidados que disminuyeron notablemente cuando finalmente logró embarazarse, y de ese embarazo nació un niño varón, a quien llamó José Ramón. Sin embargo, continuaron dándole un trato especial, siempre estaban pendiente de Claudio, de llevarlo a comer, de darle un obsequio para su cumpleaños, de llevarle con ellos cuando salían de paseo, pero ya no era lo mismo.
Mi cabeza se llenó de recuerdos cuando en una oportunidad ya estando bajo el amparo de Rosa María, salí en un viaje de excursión del colegio durante un día completo. Al llegar  a casa de mi madre, recuerdo que me recibió como un fuerte abrazo, como si hubiese estado ausente por muchos días. Esa noche, mi madre estuvo sentada en el enlozado del frente de mi casa con mi cabeza recostada en sus piernas escuchando lo que yo le narraba de todo lo que había visto  durante el paseo y de cómo lo había disfrutado. Hoy pienso que ella, sin haber ido al viaje, lo había disfrutado mucho de solo escuchar mi relato y la emoción con que lo hacía. Para ese momento, dentro de mi ser ya  podía sentir la inquietud de mi espíritu por conocer, por ver, por saber  más  del mundo. Ese fue desde muy pequeño mi sueño.
 Para mi madre, el que le hablase de todo esto fue como refrescar la memoria, porque muchas de estas cosas ya las había olvidado, pero  una vez que se las recordé, vinieron a su memoria como un torrente. Yo particularmente, he sentido que al recordar junto con mi madre toda esta serie de cosas, nos hemos  rencontrado y acercado en muchas cosas y sentimientos que habíamos echado de lado.

     Aquí acabó la entrevista que sentí la necesidad de hacer sobre la vida de Rosa María, antes de plasmar en letras el resto de mi historia. En lo sucesivo, creo que mis memorias serían suficientes para componer en letras lo bueno y lo malo, lo bonito y lo feo que de mi vida recuerdo, dando siempre gracias, porque pese a cualquier adversidad o malos momentos, Dios me bendijo poniendo en mi camino a esta gran mujer, Rosa María. Lo absurdo de todo es como comprender las penas que su esposo y su hijo natural causaron a tan benévolo ser, aunque hoy día muchos de esos entuertos se han enderezado y la vida de mi madre se ha convertido en un alegre vivir, pero bueno como dice uno mis escritores favoritos, la vida no es la que uno vivió, sino lo que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.

Continuará...

La Felicidad




La felicidad no se basa sólo en el placer que produce los logros materiales, sino en la satisfacción de sentirse en paz consigo mismo libre de estrés y preocupaciones. Y la paz interior solo se alcanza teniendo un corazón libre de mezquindad, siendo compasivo, tolerante y amable con quienes nos rodean.

Joel Alberto Paz

jueves, 3 de marzo de 2016

"Cuando dejé de Soñar"



Cuándo dejé de soñar

No sé cuándo dejé de soñar, hoy siento en mi corazón como un lejano susurro del viento que triste sopla por los rincones de mí ser. Quisiera saber por qué mi imaginación ya no crea, por qué las palabras de mi boca ya no salen, aquí estoy como anclado sin esperanza de irme a algún lado, ya no veo que en el mundo hay razón que nos una, como la inocencia que una vez, nos envolvió en su dulce regodeo. Hoy gimo como gime quien busca algo que no encuentra, como quién siente un dolor que no aparenta, como un poseso por un amor que ya no es. Que alguien me explique, por qué la vida me separa de mi ser amado, cual razón me mata pasión de quien idolatro. Busco respuestas, sólo sé que te amo con una loca inconsciencia, con placeres que me turban la conciencia. No sé cómo explicar que aunque me duele, me deleita el sólo pensar que me prometiste amor para siempre. Tomo un libro y paso página tras página sin saber ni lo que leo, aún estando en la cama con la mirada perdida en el infinito techo, mi amor, junto con mis pensamientos parecen volar a tu encuentro. Qué nostalgia, que desdicha, por la amada de mi amor fragmentado, siempre seré tuyo y siempre soñaré que eres mía, aun cuando no se cuando dejé de soñar. Quisiera poder decirte, quisiera poder escribirte, quisiera tocar tus manos, quisiera mirar tus ojos, quisiera besar tus labios, pero de que me sirve desear, si tenerte no puedo. Hoy desnudo mi alma y mi corazón, como se abre una rosa cuando su botón florece, como ilumina la luz del día cuando el alba despunte. Cuan adorable sería poder a mi lado tenerte, mis lágrimas como perlas brotarían de mis ojos sólo por el placer de verte. Ven amada y comprueba que todo lo que estoy sintiendo, es producto del apasionado amor que por ti siento. Si alguna vez con mi amor te tropezases, búscame en cada instante que para ti allí estaré por siempre.

Joel Alberto Paz